No hay forma exacta de escribir la vida, da igual si está escrita con mayúsculas o minúsculas, si en negrita o con subrayado, no hay forma específica de definir y describir la vida, si de forma espontánea o con guiones, no hay forma estándar de vivir y disfrutar de la vida, si con emociones o con tristezas, de forma espontánea o de forma fingida, nos mece como a un niño de pecho pero al final nos hace caer como para no olvidarnos de que existe el suelo, la vida es un conglomerado de pruebas duras y retos difíciles, de puntadas sin hilo u hasta quizá descabellado, es ir a paso incierto muchas veces sin saber si terminaremos el camino o nos será interrumpido nuestro andar por trastabillar con la muerte. Siempre creí y de forma equivocada, que nosotros, los jóvenes, al mirar hacia atrás veíamos solo un retazo de nuestro pasado, una parte pequeña de nuestra vida que ya vivimos y que al mirar hacia adelante, vemos con mucho optimismo todo un camino inmenso aún, un largo camino por recorrer, mientras que un anciano al volver la mirada hacia atrás, ve la vida de ha dejado, las huellas e sus pasos consumidos, esa vida que en un santiamén y sin percatarse se le ha escurrido por los dedos como si fuese arena de mar, y que al girar la mirada hacia adelante no hay mucho ya que ver, quizá un horizonte en pleno ocaso, la noche fi al a punto de hacer, ver con nostalgia como de a pocos sus últimos pasos sean quizás las postales para el epílogo de su vida. Es hasta hoy que comprendo que estaba viendo una imagen errada y confusa de la realidad, porque es hasta hoy que comprendo, que ser joven no implica caminar de espaldas a la muerte, es hasta hoy que has partido, que entiendo que nosotros los recién llegados también podemos ser sacados del camino, al igual que tú, sin previo aviso, solo fuera del camino sin explicaciones ni detalles, solo fuera y punto. Uno de los motivos la cual me llevó a ser escritor, fue quizá, porque sentí la necesidad de contar la vida de otra forma, y era quizá también, porque la sentía de otra forma, porque la veía de otra forma, de otro ángulo, muy diferente a los demás – y hasta ahora conservo esa misma perspectiva – y fue ese el precio que tuve que pagar en mi vida, el duro y caro precio que pagué en mi vida, fue volverme escritor, me acostumbre a ver nacer mis versos y artículos con cosas que siempre quise contar, naciendo con una sonrisa que esboza el alma y que acurruca al corazón, pero hoy, el guión es al revés, porque esta vez no hay felicidad que acurruque mi corazón sino es la tristeza y la nostalgia que lo oprime, hoy es la primera vez que veo nacer un artículo mío tras la muerte de un hermano.
Estoy nublado, completamente en blanco, no sé cómo iniciar esto, si por el principio o por el final, es la primera vez que me siento invadido por varias ideas y no sé cómo organizarlas, pero quizá deba empezar estas líneas pidiéndote perdón de antemano, por si al escribir estas líneas los recuerdos de tu partida provocan en mi corazón un nudo y mis sentimientos en conflicto enredan mi alma y la estrujan haciendo que mis lágrimas enjuaguen mis ojos, porque a pesar que se que estas muy cerca a nosotros y que desde arriba nos cuidas, en el fondo sé que no estarás más frente a nosotros para poder decirte “¿Qué tal David?” y luego estrechar tu mano y despedirnos con un abrazo, perdón también por simplemente no asimilar aún todo esto y no aceptarlo todavía y negarme a creer, que estás muerto, porque en algunas noche, en la oscuridad y la soledad de mi cuarto, te recuerdo y no puedo evitar el llanto para desahogar todo el dolor que ante otros tengo que contener cuando hablo de ti. No puedo evitar recordarte ni un solo día, siempre haciendo una pausa esté donde esté, sin evitar que me asalten los recuerdos de tu partida, tan pronta y tan injusta, a tu edad, con la vida en teoría por delante, por mucho aún por vivir – supuestamente – y con una linda niña a la que adoraste hasta el último de tus días y con la cual tuviste la despedida más dulce de un padre amoroso como lo fuiste tú, y que seguirás adorando desde arriba o donde sea que estés, es injusto, porque no debería estar hoy bajo tierra y en un cementerio.
La cruzada del dolor y la agonía de la incertidumbre, inició un sábado por la mañana, tenía que haber sido un día normal, un sábado como el anterior, en donde te pegaste una borrachera de padre y señor mío con tus hermanos, quién diablos se imaginaria que sería la última, me lo puedo imaginar, saliste de casa como todos, te despediste de todos y a lo mejor dijiste “Ya vuelvo… nos vemos más tarde” no cumpliste, jamás volviste, la muerte te detuvo en el camino, no me puedo imaginar que siente una persona en el último segundo de su vida, como se puede sentir una persona en el día que le tocará morir “¿Por qué me dejaste loco?” te preguntó nuestro hermano Roger al verte en tu ataúd, y esa era la pregunta que planteada de otra forma te hicimos pronto “¿Por qué nos dejaste David? ¿Por qué tan pronto?” y en silencio, pálido y callado, parecían decir “Lo siento”. Pero el accidente no solo te arrastro a ti, también a Lalo, con la única diferencia que el destino se ensañó contigo y la muerte te prefirió solo a ti, angustia doble, debo confesar que fueron los días más angustiantes de mi vida, la que no quisiera tener que volver a pasar – no tan pronto al menos – y la misma que no se la deseo a nadie. Una llamada de mamá al celular de mi hermana al medio día de ese sábado funesto y burlón daban la alerta: Una tragedia de tamaño gigantesco había ocurrido. El accidente tuyo con Lalo tras el choque con la moto en la que él te llevaba al trabajo – como nunca – los ponían a los dos al borde de la muerte y ya estaban en varias horas prolongadas de operación, Lalo prácticamente con la mitad del cuerpo destrozado, la cadera había sufrido daños por el impacto del golpe, una pierna y un brazo roto nos contaban la magnitud del accidente, mientas que tú, saliste disparado como bala de cañón varios metros estrellándote en seco contra el suelo, el impacto lo recibió la cabeza, estuviste inconsciente y así te mantendrías, nunca en el transcurso de la operación ni en tu estadía en el hospital, volviste a reaccionar, no volviste a despertar jamás, jamás abriste los ojos, nadie en tu casa se imaginó que aquel “Ya vuelvo… nos vemos más tarde” sería el último, y que a aquel David de la sonrisa contagiosa, no lo volverían a ver jamás, o mejor dicho, lo volvería a ver dentro de su ataúd, ese no era lugar para ti, te apresuraste, pero ya no importa, eres un ángel, nuestra ángel, un ángel llamado David que nos antecede en el camino y quien nos dará el abrazo de bienvenida cuando nos toque a nosotros estar donde tú ahora estas… solo espéranos para darte ese abrazo que muchos nos quedamos con la rabia de no poderte dar, de ese abrazo que hoy todos quisieran darte y no podrán jamás.
La angustia comenzaba a medida que las horas pasaban y las noticias para ti no eran alentadoras, la noticia a mamá se la dieron cuando estaba en el trabajo y la intranquilidad de la noticia la hizo salirse con anticipo, ya no podía seguir más, la angustia y la desesperación se apoderaron de ella, te imaginarás que quiso hacer hasta lo imposible para ir al hospital donde estaban ustedes para saber más de su estado y acompañar a tu familia en este momento de dolor y de tragedia, simplemente no podía aceptar lo que pasaba – también fue muy duro para ella perderte – porque te conoció de toda la vida, hermano menor de su hijo, y fuiste para ella como un hijo también, así te quiso al igual que a tus hermanos, como a unos hijos, pero fue nuestro hermano quien logró disuadirla para que no lo haga, el hospital estaba repleto de familiares tuyos y muchos de ellos tenían que retirarse. Fue un sábado, pero no cualquier sábado, es distinto no solo porque fue tu último sábado, sino porque era el sábado que antecedía al tercer domingo de junio, el domingo del día del padre, la tragedia se hacía aún menos llevadera: Opacaba una fecha tan importante para todos pero en espacial para tu padre. El desayuno planificado en casa de tu papá fue bruscamente reemplazado por un domingo amargo y angustioso en los pasadizos de mayólica blanca y fría de emergencias de un hospital, no me puedo imaginar a un padre en su día, sentado en la banca plástica en un pasadizo de emergencia, con el dilema de no saber si la vida le arrancaría de pronto y de golpe a uno o dos de sus hijos en su propio día y a pocos meses de cumplir cincuenta años; en casa fue algo parecido, estaba ya todo listo para el almuerzo con mi papá, se suponía vendrías con mi cuñada Nendy y mis dos sobrinos, Samir y el pequeño Estefanín – del cual soy padrino – pero la tragedia también canceló nuestra reunión, David nos reuniría días después, pero para darle el último adiós. Pero no sería lo único que reunirías, también reuniste nuevamente a mi familia, ya que una discusión bastante fuerte nos había separado en dos bandos, mi mamá, mi hermana y yo por uno y mi papá con sus a veces ideas solitarias en otra, pero la noticia de ese sábado, justo un día en la que solía venir a Lima, lo hizo acercarse a mamá para darle el consuelo que había perdido en ese momento, aún hasta después de muerto tu esencia bienhechora nos cubría a todos. Aquel sábado con mi familia prácticamente ya reunida de nuevo, tratamos de sobrellevar la noticia de la mejor manera, riéndonos un poco de algunas bromas o anécdotas graciosas en el trabajo que siempre acompañan a mi papá, ya lo conoces, loco y ocurrente, es lógico, tuve a quien salir tan disparatado a veces, a pesar de tener padres diferentes, compartimos dos cosas en especial, que nos unieron hasta el último de tus días, el buen sentido del humor, fue algo que siempre te inmortalizó, siempre estabas sonriente hasta cuando la adversidad parecía aplastarte, nunca perdías la calma y siempre tomaste la vida de forma deportiva, y hermano increíble, querendón y divertido, cargoso y atrevido, pero una gran persona al final de todos, es nuestro Ricky Martin – tú sabes porque – ese hermano que siempre está al pendiente de nosotros, sacando cara si hay que hacerlo, por nosotros, siempre al pendiente nuestro, otro loco disparatado y divertido, si se juntaban ustedes dos, eran la dupla de las chacotas, tras esa apariencia callada que tenías que daba la equivocada impresión de ser un muchacho tímido, había un divertido y pícaro bromista, que sacaba siempre la precisa en el momento adecuado ¿Recuerdas esa vez que él te dio cobijo en nuestra casa cuando por motivos que no valen la pena mencionar te votaron de la tuya? Así es nuestro hermano y así lo será hasta el último día que nos acompañe – que espero sean muchos – aunque tu estadía en casa fue solo horas ya que el absurdo problema que te alejó de la tuya se resolvió, pero allí estuvo él, cuando más lo necesitaste, nunca te dio la espalda, siempre estuvo allí para darte la mano, no hace falta que te lo diga, porque tú lo sabes, que aún en silencio, cada vez que recuerda tu rostro y menciona tu nombre, los recuerdos de los momentos que compartió junto a ti lo asaltan y no soporta aún la idea de haberte perdido, y por momentos deja que su dolor lo expresen sus lágrimas.
Para el domingo, las cosas seguían en su rumbo normal y casi igual, las cosas le eran más favorables a Lalo que a ti, él al menos iba evolucionando, tú, mientras tanto, seguías sin reaccionar, esperábamos cada llamada de Roger, y cada una era más angustiante que la otra, mamá más nerviosa a cada minutos, fue un día del padre muy diferente, saludamos a mi papá por su día y le dimos su abrazo, suerte él de tener a su familia casi completa dándole su tradicional abrazo de todos los años, casi todos porque nuestro hermano, que a pesar de no ser su hijo biológico lo quiere de la misma forma como si lo fuera, a pesar que trataba de ocultarlo la pena también lo acongojaba a él, no era lo mismo saber que su hijo mayor estaba pasando su día al igual que su pará, con un dolor en el alma que le carcomía el corazón, al igual que a todos, ese día tratamos de sobrellevar la noticia, a pesar de que todo se complicaba más para ti, mamá rezando por su parte, pero, al parecer, no alcanzó, llamada de nuestro hermano pasado las seis de la tarde, lo cambió todo, tu suerte parecía estar echada, fue mamá quien recibió la noticia, la lamentable noticia, su llanto fue desgarrador, cualquiera que la hubiera visto diría que era tu mamá, y como no ponerse así si se estaba yendo el hermano de su hijo, a quien conoció de toda una vida y por si fuera poco, la situación de Lalo volvió a complicarse y en unos minutos ingresaría nuevamente a la sala de operaciones para otra intervención prolongada de no sé cuántas horas “Horas… es sólo cuestión de horas” decía ella en pleno llanto desconsolado, luego uno a unos fuimos tomando el teléfono para hablar con Roger, el último fui yo, lo escuchaba tranquilo y bastante sereno, pero sabía ponía resistencia ante los demás, en el fondo estaba destrozado no había que ser adivino para darse cuenta de ello “Mi hermano está inconsciente, con la cabeza hinchada por la operación, delgado y un poco pálido, conectado a una máquina con varios chupones en el pecho que es lo único que lo mantiene con vida, si lo desconectamos de esa máquina… se termina la historia… para la ciencia mi hermano está clínicamente muerto, por favor reza mucho por él, dale fuerzas y buenas energías, porque de esta sólo un milagro lo puede salvar” me narró también, lo que le había tocado presenciar y lo que podía pasar ¿Rezar? Eso que me pedía era casi imposible, no he rezado desde hace mucho años, creo que más de diez, soy y siempre he sido y lo seguiré siendo, un agnóstico convencido de que los rezos no ayudan en nada, son solo un desperdicio de tiempo, el gastar saliva en vano, no ayudan, de rezar no depende nada ni nadie, perdón por no haberlo hecho, pero no soy de traicionar mis ideas, pero créeme, que tenías mis deseos más férreos por verte salir de esa “Es solo cuestión de horas….” Seguía diciendo mamá en llanto desconsolado, sacamos nuestras bolas de fotos y comenzamos a rebuscar en ellas – un arsenal de fotos – aquellas en las que aparezcas tú y lalo, y conseguimos varias y sobre la mesa de la sala las acomodamos, mamá se fue a su cuarto y la vi al pie de su cama de rodillas y rezando con el fervor y la fe que siempre la ha caracterizado, como buena católica creyente que ella es, lo último que me dijo Roger fue “Si llegase a pasar lo que tal vez tenga que pasar yo llamo a la casa y ojalá seas tú quien me conteste para que recibas la noticias y veas la forma más adecuada de darle la noticia a mamá” estuve por largos minutos contemplando sus fotos y mi mente fue bombardeadas por recuerdos que creía ya olvidados, como aquella vez hace varios años, cuando tenía cuatro creo, cuando vivía en el tercer piso de una casa en zarumilla, era carnaval lo recuerdo bien, o mejor dicho en aquel momento lo logré recordar bien, tu papá conducía aún su camioneta naranja a la que habían bautizado “Turbito” tu desde el asiento del copiloto me apuntabas con tu pistola de agua y disparabas, pero no hacia tanta presión como para que el agua me llegue a dar, y yo hacía lo propio con la mía, apuntándote y disparándote con mi chisguete de plástico, en forma del chavo del ocho, estaba de moda por aquel entonces ¿Recuerdas eso David? Cuánto apuesto que también lo habías olvidado, como es la mente, siempre nos devuelve recuerdos de momentos agradables casi olvidados en momentos tan dramáticos como este, recordé también que la última vez que te vi fue en bautizo de Estefano junto a Sandra y tu hija Valería, en esa cena que tuvimos todos en un chifa a pocas cuadras de la Iglesia, donde por poco y me derrito, no es por exagerar pero me sentía sofocado allí adentro y no veía la hora de que se termine todo, nos despedimos esa vez como siempre, como lo hace todo el mundo, con un apretón de manos “Chau… Cuídate” te dije, sin saber que te lo decía por última vez, que sería la última vez que te vería con vida, a pesar de que tenía mi cámara conmigo, no se me dio por tomar una solo foto en esa cena, todos juntos, no sabes cómo me arrepiento de ello y como maldigo mi mala cabeza y falta de tino, pero así son las cosas, nadie sabe lo que pasará mañana, la vida es un incierto total y eso lo hace quizá emocionante, en cuanto a Lalo, mi mente también supo rescatar un recuerdo muy recóndito, tenía creo que cuatro cinco años, no lo recuerdo, creo que fue en casa de la mamina, en una de las visitas que le hacíamos en su casa de san Borja, que él se decidió sacarme a pasear en su bicicleta, desde ese entonces él ya era un loco al timón, recuerdo que chocó con algo, perdió el equilibrio y dimos contra el suelo, no fue nada, solo caímos, felizmente suave la caída, ambos nos reímos de lo que había pasado, era una lástima recordar todo ello en medio de la tragedia, papá alistó sus cosas para irse, pero se iba acongojado también él, con esta noticia que nos dejaba aún en el asombro a todos, parecía una pesadilla, pero era real, por desgracia era real, el teléfono no sonó y me fui a dormir casi a las dos de la mañana, intentando escribir sin éxito.
El lunes, salí temprano de casa casi a las seis, desvelado por dormir tan tarde, aunque dormí algo más en el carro, me dirigía hasta el ovalo de higuereta en donde iba a ver lo de un trabajo en pocos días empezaría – y donde no duré más de dos días, eran unos explotadores de porquería – papá me llamo cuando estaba en camino, y preguntó si habían llamado, si habían nuevas noticias “Aún no ha llamado” le dije “Qué bueno, ojalá no lo haga, porque eso demuestra que aún siguen luchando por su vida y que aún haya quizá una última esperanza” dijo papá con optimismo, aunque sabía al igual que yo que las probabilidades eran muy escasas, sobre todo para David tomando en cuenta que para la medicina ya no había nada más que hacer con él, casi a las once de la mañana, cuando esperaba el carro para dirigirme a casa, mamá me llamó al celular, el corazón se me agitó, y solo rogaba que no fueran malas noticias, nunca tuve tanto miedo de tomar una llamada, pero felizmente no habían malas noticias, solo estaba angustiada y preocupada porque no habían noticias y ya quería llamar a nuestro hermano “No hagas eso, él ha dicho bien claro que no quiere que lo llamen, cualquier cosa él va a avisar, si no llama es porque todo está bien, que aún están luchando los dos” le dije para calmarla, aceptó la idea y colgó, volvió a llamarme a la media hora, otra vez la tención, era mamá, se le notaba tranquila, síntoma de que todo iba saliendo bien “Te tengo dos buenas noticias – me dijo ella – Lalo ya está fuera de peligro, pero de todas formas lo van a volver a operar en unas horas más pero de la cadera, pero ya está estable y fuera de peligro, en cuanto a David, al parecer ya hay una mejoría y parece que puede haber una esperanza” eso me dejó más tranquilo “Sería un gran regalo para Roger, que sus dos hermanos salgan airosos de esta lucha” iba a casa más aliviado por lo que mamá me había contado, pero la vida es así, de irónica y burlona, era solo la jugada de la muerte que ya había decidió a quien llevarse: Lalo se queda pero David se va. Cuando ya estaba más cerca de casa, mamá volvió a llamarme para decirme que se iba a rezar a una Iglesia a la avenida Tacna, porque le iban a hacer unos análisis a David, y que serían definitivos y en base a ello tomarían una decisión final con respecto a él. Al parecer, no todo había pasado con David, aún había tensión, habíamos recuperado a uno, pero estábamos perdiendo a uno “Se me va mi David” dijo nuestro hermano a mamá en la llamada del domingo por la tarde, y efectivamente, te nos estabas yendo, te estábamos perdiendo, el lunes mamá no logró ubicar una sola Iglesia abierta – para variar – pero en una grutita de una de ellas logró dar unas plegarias, sin contar que se había contactado con algunas personas pegadas a la Iglesia y más ligadas a las oraciones para que pidan por los dos, como un refuerzo, pero de nada sirvió para conmover a la muerte, ese día el cansancio y el agotamiento me hicieron dormir más temprano, antes de la media noche estaba ya en cama, durmiendo.
El martes, ese martes 21 de junio, me levanté a las seis de la mañana o algo más tal vez, con el ruido de a voz de mamá que hablaba con alguien por el celular, peri fue cuando la escuche hablar sobre los preparativos de un velorio que de un brinco me puse en pie y me dirigí a su habitación, hablaba con mi cuñada, estaba serena, al menos, cuando me vio parado en el umbral de la puerta de su cuarto, alejo el celular de su oído por unos segundos y en balbuceo me dijo “Ya murió David” se me estremeció el alma y se me enredo el corazón, lo peor ya había llegado, por fin había acabado la historia, no era el colorín colorado clásico de siempre, esta vez no había final feliz, David había muerto y parte de nosotros se iba con él, me contuve, lo más que pude, mamá estaba serena, imagino que ya había desahogado lo que tenía que desahogar, nuestro hermano había llamado poco más de la una de la madrugada a dar la noticia “David ya es un ángel en el cielo” fue lo que dijo entre lágrimas, mamá era la primera en enterarse, ese día solo permanecieron en el hospital tu tío Juan Carlos y Roger, fueron ellos quienes recibieron la trágica noticia de tu muerte, y mamá fue la siguiente en saberlo, poco a poco irían avisando a la familia “Estabas durmiendo y no quise despertarte” me dijo mamá, en un momento en al que mamá salió a llamar a papá para darle la noticia, aproveche para encender la computadora y visualizar la foto, la única foto tuya que teníamos de ti, actual, en la última reunión familiar que tuvieron, en la última que contaron con tu presencia, no contuve más la rabia de perderte y casi sin darme cuenta comencé a desahogar todo el dolor que me oprimía el pecho, mi rostro se humedeció de lágrimas, no podía creer lo que estaba viviendo, David muerto, me parecía una pesadilla, y fue en ese momento cuando me sentí afortunado, el haber trabajado en la tienda de tu papá, junto a nuestro hermano, aunque fue por un corto plazo, a penas poco más de un mes, pero el tiempo justo y suficiente para saber que al menos no pasó mucho tiempo de no verte, te veía todos los días, al finalizar el día ibas a la tienda, ya no más, no volverás a estar allí, no llegarás a cruzar más la puerta de la tienda de tu papá y no habrá más ese David al que Roger le decía “¿Qué quieres hijo?” no volverá a sonar más el nextel de la tienda al que llamabas a preguntar si había una tapa de color melón, ya no más, tu vida se interrumpió de forma brusca, apague luego la computadora para que mamá no vea tu foto, no quería quebrar su tranquilidad, al menos no tan pronto.
Cuantas veces pasé por aquel velatorio de la avenida petit thouars al costado de radio nacional, y nunca me imaginé que terminarías allí, en tu propio velatorio, ya no es lo mismo pasar por allí, a veces prefiero no volver la mirada, imagino lo mismo sentirá nuestro hermano, cada vez que va a la casa de visita, es su ruta fija, pasar por el velatorio en donde veló a su hermano, nos alistamos para el velorio, mamá y yo, mi hermana se quiso quedar, quise hacer todo lo posible por mantenerme fuerte en el velorio para darle fuerza a mamá, pero llegó un momento en al que no lo logré y no pude evitar quebrarme también, y sucumbir ante en el dolor, al llegar al velatorio, mamá no pudo contener las lágrimas de solo ver tu nombre en esa lista de personas a velar, solo dos salas estaban habilitadas, tú estarías en la sala cinco, pero aún no llegabas y ya eran más de las siete, al llamar a Roger me dijo que no tardaban en llegar que ya estaban saliendo, Nendy también llamaba y preguntaba “¿Ya llegó David?” y yo le decía “No aún no ha llegado” me sentía raro dando esa respuesta ¿Era posible verte llegar? En realidad te iban a traer, pero dentro de un ataúd ¿Es esa acaso una forma de llegar? Creo que esa es una forma de irse, mamá no quiso entrar al salón hasta verte llegar y recibir allí a la familia, de pronto, un vehículo fúnebre llegó y bajaron un ataúd, mamá dijo “¡Ese es!” con mucha seguridad y yo le decía “No… no es, no creo” y ella repetía “¡Ese es!” no quiso quedarse con la duda y pregunto a uno de los que traían el ataúd “Señor, quién es el que viene en este cajón?” el hombre de treno gris y alto, cogió la ficha y leyó el nombre, o mejor dicho leyó tu nombre, si eras tú quien llegaba a su última reunión, entre lágrimas mamá te acompañó hasta el salón, en donde te colocarían en tu pedestal, pero decidió volver a salir a esperar a tu familia y a nuestro hermano, y yo, aguantándome las ganas de estallar en llanto, pero debía estar fuerte, Nendy llegó unos minutos después, y se quedó con nosotros a esperar a la familia, quienes llegaron casi a las ocho, los abrazamos y les dimos el pésame, tu papá, tu hermana y nuestro hermano, lucían serenos, pero la procesión y el dolor lo llevaban por dentro, entramos todos juntos al salón, la ventanita del ataúd ya estaba abierta, ya podíamos verte, descansar en paz, me acerqué con mamá y Nendy, y fue allí, en ese preciso instante, al verte pálido y eternamente dormido, que no pude más, no pude contener más las lágrimas, tenía que desahogarme, tenía que expulsar todo ese dolor, contenida en varios días de angustia, las abrace a las dos, y lloramos juntos, en coro, por tu partida. Roger se acercó luego, te vio por unos segundos y luego te hizo una pregunta “¿Por qué me dejaste loco?” una pregunta que no pudiste responderle con palabras, pero sé que estuviste allí, y le diste el abrazo, ese que se da para pedir perdón, porque no fue tu intensión partir en vísperas de dos fechas tan importantes, la del día del padre y la del cumpleaños e nuestro hermano, fue muy duro para él, pasar un día antes de su cumpleaños, velando a su hermano y por si no fuera poco, pasaría el mismo día de su cumpleaños, no con una torta de chocolate y no recibiendo abrazos y saludos sino pasaría su cumpleaños, enterrando a su hermano, a su David como él te decía, es triste perder a un ser querido, pero lo es más perderlo un día antes de tu cumpleaños y enterrarlo ese mismo día, descuida, no fue tu intensión, no lo planeaste, lo sabemos, son las cosas de la vida, las pruebas del destino, siempre escribiendo torcido y de cabeza.
Al día siguiente, camino al cementerio, a tu última morada, recuerdo a nuestro hermano cargando tu ataúd, ese recuerdo o tengo hasta hoy dándome vueltas en la cabeza, nuestro hermano no recibía regalos en su cumpleaños sino cargaba tu ataúd en vez de ello, lo has marcado para siempre, para toda su vida, no habrá cumpleaños alguno, ni vísperas de él, que no recuerde el día de tu muerte y el día que te enterró, al llegar al cementerio, bajó apresurado para cargar un trecho del camino nuevamente tu ataúd, él siempre tiene esa costumbre de acompañar a alguien al paradero para embarcarlo en su carro y recién irse él, y así lo hacía también contigo, luego de cerrar tu tienda, te acompañaba al paradero y te embarcaba y luego de verte partir se iba a su casa, lo mismo hizo aquella vez, solo que de forma diferente, esta vez no caminaban juntos, el te llevaba en hombros, y no te embarcaba en un carro, dejaba en una tumba, en l que te tuvo que ver descender bajo tierra para verte partir para siempre, esta vez no le dirías quizá como siempre “Chau Roger cuídate, nos vemos mañana” aquel sábado ese “Ya vuelvo… nos vemos más tarde” no se dio más, te dijimos adiós para siempre de forma prematura, dejaste mucho por concluir y la vida no te alcanzó para culminarla, cuando se suponía tenías toda una vida por delante ¿Qué paso? Fue ese día que comprendí, que la vida no le pertenece a nadie, no nos pertenece, en cualquier momento se nos va, dejaste con mostros una linda niña, el vivo retrato tuyo, de la que te despediste el jueves bañándola y el viernes llevándola a jugar al parque, para el sábado sufrir el accidente que te alejó de nuestro lado para siempre, con nosotros queda esa linda niña, que por las noches antes de dormir seguirá llamando a su papito, y no podrás estar más para darle ese beso de las buenas noches que quisieras darle, pero estarás con ella siempre, todas las noches y la abrigarás con tus alas y la protegerás desde arriba.
Dicen que la vida continua, es verdad, pero que duro y difícil, es continuar sabiendo que hay un gran ausente en nuestras vidas, sabiendo que alguien se nos quedo en el camino, que alguien se soltó de nuestra mano y no volverá con nosotros a casa, el pasado once de este mes, tu papá cumplió cincuenta años, y la pasó con la falta del abrazo de un hijo, al que para ver tendrá que irlo a ver a su nuevo hogar: el cementerio de huachipa. Cumplirás medio año de fallecido el 21 de diciembre, cuatro días antes de navidad ¿Y qué se supone debo de hacer? ¿Decir feliz navidad? Sabiendo que en la mesa hay un hermano ausente, un hijo ausente, no será para nada fácil, asimilar tu partida, y es con tu muerte, que muchos hemos aprendido miles de lecciones, tu muerte fue una bofetada para muchos y motivo de reflexión también, es una rabia tener que haberte perdido para que muchas cosas cambien, para que muchos nos demos cuenta de los errores que cometíamos y de los descuidos que teníamos, tu muerte no será en vano David, hermano, la lección está aprendida, despertamos muchos del sueño, estamos con los ojos bien abiertos, hay cambios muy notorios, estoy seguro que te debes de sentir orgulloso de nuestro hermano y de la madurez que ha obtenido tras tu muerte, es otro, es diferente, lástima que no estés más con nosotros, para poder disfrutar de esta nueva etapa en la vida de muchos, siempre estaré allí, para darle un abrazo, de ese que da consuelo y dice “Tranquilo estoy contigo” para cada vez que cuando se acuerde de ti no pueda contener las lagrimas, eres ahora nuestro ángel de la guarda, nuestra dulce compañía, quien no nos desamparará ni de coche ni de día, quien nos esperará con los brazos abiertos y con una sonrisa el día que nos toque también partir.
La lección es sencilla si la sabes ver, no esperen recibir un golpe tan duro como yo para ver lo que hasta hoy logro ver, que la vida es solo de paso, vivamos la vida intensamente pero con responsabilidad, la vida es una sola y tenemos que dar todo de nosotros, absolutamente todo, sin reservarnos nada, porque el día que no estemos más en este mundo, solo recordaran nuestros actos, dejemos a un lado el rencor y demos ese abrazo reconciliador, no esperemos a perder a alguien de esta forma para recién decir “Lo siento” pidamos perdón si hemos dañado a alguien, hagámoslo hoy que aún hay tiempo, la muerte de David me ha enseñado que en la vida del día a día no se debe dejar nada inconcluso, no sabes si estarás mañana para culminarlo, dile a esa persona especial cuanto lo quieres, no supongas que lo sabe, siempre es necesario que se lo digas, porque siempre hay alguien que espera de ti un “Te quiero” un abrazo, un “Hola cómo estás” conserva a quienes te quieren de verdad, a quienes están contigo en las buenas y en las malas, aquellos, jamás te darán la espalda, si sientes que los perdiste, nunca es tarde, vence al orgullo y ve a recuperarlo, hazlo hoy, quizá mañana sea demasiado tarde… quizá hayan más noches en las que recordando a David deje caer una lágrima, pero sé que él estará conmigo, a mi lado, para darme una palmadita y decirme “Aquí estoy Paolo, estoy contigo, estoy con todos ustedes siempre que me necesiten” no sé cuántos reciban este mensaje y no sé si lo compartirán con alguien, pero el mensaje es uno “La vida es única e irrepetible, lo que dejaste hoy no lo recuperas mañana, lo que perdiste no siempre vuelve, pero inténtalo, pero inténtalo hoy, porque nadie garantiza tu existencia el día de mañana” comparte este mensaje ahora que puedes cogerte de una experiencia ajena, no esperes a recibir también tú ese golpe tan duro que recibí yo, para poder comprender que lo más valioso de la vida no es ir de forma individual, sino de a dos, de a tres, de a cuatro, con cuantos puedas, acompañado de gente que te quiera y te en la mano para decirte “Cuenta conmigo amigo(a)”. Perdón David, por aplazar tanto este artículo, pero era remover todo el dolor y gracias por darme fuerzas para llegar hasta aquí con calma y serenidad… en cuando ponga este articulo mi blog y entre en circulación, podré mirar tu fotografía y te podré decir… te he cumplido David.